miércoles, 2 de marzo de 2011

La disciplina en el sistema
penitenciario

Por Mtra. Gladys Gutiérrez Viveros

Uno de los cuestionamientos de la población en general es ¿Para qué sirven las cárceles en nuestro país?. El objetivo de las prisiones o cárceles se concreta a la búsqueda de la justicia, pero éste también depende de varios factores como son las épocas, sociedades, gobierno, el perfil del preso y diversas razones más. Por ello es, que hago una breve mención de una por demás importante obra, denominada “Vigilar y Castigar” nacimiento de la prisión, por Michel Foucault, la cual da a conocer diversos razonamientos sobre el Suplicio, el Castigo, la Disciplina y la Prisión.
Destacando a la Disciplina, a manera inicial señala tres aspectos principales sobre las operaciones del cuerpo, y son:
Primero: la especificación detallada de cómo debe ser el movimiento del cuerpo del soldado resulta toda una anatómica minuciosa.
Segundo: una sujeción constante de las fuerzas; es decir, la fuerza que tiene el cuerpo, no porque tenga una fuerza por naturaleza, sino porque se le construye. Por ejemplo, antes de la época clásica, un soldado era el que "nació para soldado", al estilo de los gladiadores. Posteriormente, no importaría quién va a ser soldado, será cualquiera, porque el soldado se hace, el soldado no nace. Ejemplo de ello lo tenemos en la recluta: se puede reclutar un campesino o un estudiante, de todas maneras se hará soldado, porque para eso hay una disciplina precisa.
Finalmente, tercer aspecto: la relación docilidad- utilidad supone el cuerpo dócil, el cuerpo maleable; con el cuerpo se puede hacer lo que uno se proponga, siempre que lo haga disciplinadamente y eso es muy útil, es muy fructífero. Por ejemplo, en términos de la conformación industrial, un obrero se hace, se hace con capacitación para la fuerza de trabajo.
Esto es lo que llama Foucault disciplina, lo que él muestra es que pocos se han ocupado de estudiar la disciplina, quizás porque la disciplina se nos presenta como algo natural y cotidiano, y no solamente natural porque lo llevamos en nuestro comportamiento, sino que además es asunto despreciable por ser regularmente hecho.
La disciplina se remonta a los jesuitas, grandes contribuidores, pero en el origen con un sentido completamente místico; es decir, muy disciplinadamente el ejercicio de los jesuitas, es la búsqueda del encuentro con Dios, y eso se hace en silencio, tiene sus especificaciones. Foucault muestra cómo ese sentido va derivando en uno que ya es laico y que se transforma en un ejercicio que se da en las primeras escuelas fundadas por los religiosos en Europa, más o menos a mediados del siglo XVI.
"Una observación minuciosa del detalle, y a la vez una consideración política de pequeñas cosas, para el control y la utilización de los hombres, se abren paso a través de la época clásica, llevando consigo todo un conjunto de técnicas, todo un corpus de procedimientos y de saber, de descripciones, de recetas y de datos". Es decir, hay todo un cuerpo de conocimientos que nosotros, en principio, consideramos como despreciable, hasta que se nos muestra la magnitud que tienen, por ejemplo, al cristalizar como pedagogía en el campo educativo, o como psiquiatría en el campo de los hospitales o de los encierros, o como criminología en el caso de la cárcel. Cuerpos del saber, en su origen, de detalles que conformaron, lentamente, un modo de ser individuos: enfermo-médico, loco- psiquiatra, alumno-pedagogo, preso-carcelero, delincuente-criminólogo. Y de todo esto nació el hombre del humanismo moderno, el hombre construido.
La disciplina, por otra parte, se resume en la idea del Poder Disciplinario. En el Poder Disciplinario se conjugan fundamentalmente, como ya hemos señalado, la vigilancia y el castigo. Vigilar el cuerpo para que esté haciendo lo que se le impone que esté haciendo; y castigar o sancionar el cuerpo porque no hace lo que se le pide que haga. Pero, de un modo muy especial, muy específico, en la disciplina la del cuartel, la de la escuela, la del hospital, la vigilancia es permanente.
Es la "vigilancia jerárquica" es decir, se vigila a los vigilados. El castigo, por el incumplimiento de la disciplina, es una sanción que adquiere la forma de la norma, de la norma en doble sentido. Una norma que especifica qué es lo que hay que hacer, y al especificar qué es lo que hay que hacer especifica el castigo; y una norma que normaliza, en el sentido que hace ver como normal lo que se tiene que estar haciendo.
El castigo permanente deviene "sanción normalizadora". Lo más especial de la conjugación de la vigilancia jerárquica y de la sanción normalizadora es su constancia; en cada instante se está haciendo una vigilancia que involucra un castigo, un castigo que involucra una vigilancia y un castigo que es normalizador.
La forma suprema que adquiere la conjugación de la vigilancia y del castigo, explica Foucault, es el Examen. En el examen se condensa la disciplina. Disciplina es sinónimo de examen. Y el examen comprende desde el examen de la escuela, pasando por el examen que se le hace al obrero para establecer su calificación para el trabajo, hasta el examen clínico que hace el médico, y el examen psiquiátrico que hace el psiquiatra, o el examen de los trabajadores sociales que, por ejemplo, laboran en la cárcel.
Foucault construye, a partir de una cantidad de documentos y de eventos históricos, el control de las epidemias en la ciudad, el aislamiento de los leprosos, la forma ideal que adquiriría la disciplina, con la vigilancia, la sanción, la norma y el examen; a saber, El Panóptico. El panóptico es un diseño de encierro, de cárcel, en el que se conjuga todo el poder disciplinario. Sinónimo de Prisión.
La disciplina es la condición de posibilidad histórica en que se funda esa institución que llamamos prisión. Foucault dice:
" La prisión, con toda la tecnología correctiva de que va acompañada, hay que colocarla aquí: en el punto en que se realiza la torsión del poder codificado de castigar, en un poder disciplinario de vigilar"; es decir, al poder disciplinario ya no le hace falta la gran norma que pensaba el reformador para el castigo, porque el mismo poder disciplinario va construyendo las normas en los detalles que le son necesarios”.
En la prisión es donde se genera al individuo creado por la disciplina, es al individuo que se le aplica la disciplina. Para ello ya no importa mucho la ley universal, la ley del derecho; lo que importa es que ese individuo esté siempre sometido al proceso disciplinario. Menciona que aquí es cuando se expresa que "la prisión es una fábrica de delincuentes".
Es una fábrica de delincuentes, dice Foucault, en el doble sentido; en el sentido que uno imagina que son llevados allí para refinar su calidad de delincuentes, pero también, y es lo más importante, porque es la prisión, es decir, el fenómeno prisión, la institución prisión, la que constituyó al delincuente como figura: el hombre delincuente es una construcción conceptual y fáctica hecha. No tiene porqué ser útil sólo para él; con mayor fuerza resulta útil para una conformación del poder disciplinario.

martes, 18 de enero de 2011

Un Acuerdo de Paz
Por Gladys Gutiérrez Viveros
Eventos relevantes han marcado la historia en el transcurrir del tiempo, el cual puede ser contado desde enfoques distintos, como el mes de enero el primero del año en el Calendario Gregoriano, siendo el origen de su nombre el dios Jano, del latín Janus que representa al espíritu de las puertas (del principio y el final), celebrando así cada día uno la entrada de un año nuevo, al igual los cubanos celebran el triunfo de su Revolución y los haitianos de su independencia; sin embargo, la celebración de Haití se vio ensombrecida el día 12 del año 2010, por el terremoto magnitud 7,0 grados en escala de Richter, declarando el gobierno la muerte de casi 200,000 personas, dejando a miles sin hogar y en la catástrofe total, a un país considerado el más pobre de América Latina.
En nuestro México, el día 6 es motivo de gran alegría para todos los pequeños por la Celebración del día de Reyes; además de celebrarse la Epifanía y el día de la Enfermera. Pero un acontecimiento relevante por su importancia política, democrática y social, es lo sucedido el día 16 de enero de 1992, la firma del los Acuerdos de Paz de Chapultepec, entre el Gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), cesando a la guerra civil que duro doce años.
La Guerra Civil de El Salvador, conflicto bélico interno entre las Fuerzas Armadas de El Salvador y las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, enfrentamientos que dejaron como resultado más de 70,000 muertos y 8,000 desaparecidos, de acuerdo a las cifras oficiales.
Los procesos de diálogo y negociaciones iniciaron en la mitad de la década de los 80´s, encuentros como: la Ronda de La Palma, Chalatenango, el 15 octubre de 1984; la Ronda de Ayagualo, el 30 de noviembre de 1984; la Ronda de Sesori, reunión privada en el último trimestre de 1986; y la Ronda de la Nunciatura, llevada a cabo el 4 y 5 de octubre de 1987. En todas las negociaciones participaron diversas personalidades tanto de la delegación del Gobierno, como de la delegación de la guerrilla, sin embargo, la participación de la Iglesia siempre fue representada por el Arzobispo de San Salvador, monseñor Arturo Rivera y Damas, que aunque no participó directamente en el proceso final de negociación, el pueblo de San Salvador reconoció su gran participación generadora del cese a la guerra; es por ello, que en el año 2004 se inauguró la plaza denominada “Monseñor Arturo Rivera y Damas, Artesano de la Paz”.
La historia del precedente oficial de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, en el cual inicia la intervención internacional, fue la reunión al diálogo el 15 de septiembre de 1989; seguida de la reunión celebrada en Ginebra, Suiza, el 4 de abril de 1990, donde se acordaron importantes normas a seguir en las negociaciones; el 21 de mayo de 1990, en Caracas, Venezuela, establecieron la agenda general de negociaciones y los temas de discusión, de las formadas dos delegaciones Gobierno y Guerrilla.
Pero los cambios sustanciales se generaron a partir del 26 de julio de 1990, con la firma del Acuerdo de San José, en Costa Rica, y el 27 de abril de 1991, con la firma del Acuerdo de Ciudad de México, donde se plasmaron importantes reformas constitucionales en el ámbito judicial, militar, electoral, económico, social y de Derechos Humanos. La intervención de Naciones Unidas fue crucial para el proceso de paz y para la verificación de sus consecuencias.
El apoyo e interés de profesionales en derecho, educadores, verificadores de Derechos Humanos, empresarios internos y extranjeros, medios de comunicación, personal militar, sociedad civil y la comunidad internacional, dio como resultado la firma de los Acuerdos de paz de Chapultepec, el 16 de enero de 1992, con el fin de alcanzar “la paz firme y duradera” en El Salvador.
México ha sido el centro en Latinoamérica de importantes y diversas negociaciones políticas, económicas, culturales, sociales, científicas, artísticas y deportivas; es por ello, que hoy, no mañana, debemos reflexionar sobre los nuevos acuerdos a los que se puede llegar en beneficio de nuestro presente y de nuestro futuro, escuchemos las voces de todos aquellos que gritamos al unísono “Paz e igualdad”.